Llegue a casa enojado y con cara de pocos amigos.
Esa tarde en el trabajo todo me había salido muy mal, problemas aquí, problemas allá.
Estaba tan enojado conmigo mismo, ¡con todo el mundo!, porque no fue mi día, todo salio mal, y me preguntaba ¿pero que he hecho para merecer esto?
el reloj marco la seis, era hora de terminar ese maldito día, por así decirlo.
Baje las escaleras y tropecé, casi me quiebro el pie, solo eso me faltaba para terminar con broche de oro.
Ya en el parqueo, con el pie adolorido, me dispuse a conducir, maldiciendo a cuanto transeúnte se me cruzara en el camino.
!Iba enfadado!
Peleando conmigo y con el mundo, no tenia mas que rabia, por todo lo que me paso, creo que estaba frustrado.
Me fui al sito donde siempre aparco el coche, y ¡sorpresa! estaba ocupado, ¡esto es una mierda!
Busque otro sitio por casi media hora, es terrible aparcar en esta cuidad, pero lo logre.
Entre a casa, y como siempre, el silencio dándome la bienvenida, preguntándome si quería una copa de vino o tumbarme en el sofá.
Ni eso quise hacer, furioso me fui a la habitación, me recosté y sentí las ganas de darme una ducha con agua súper caliente.
Me desnude y me puse manos a la obra.
Quería rasurarme esa barba de 3 días, me vi al espejo y las ojeras dijeron, ¿hola que tal el día? Hijas de puta, pronuncie entre dientes.
Increíblemente el teléfono sonó, tire la toalla, la navaja, ¡todo! y con mil demonios en mi ser, conteste,
¡Quien es!
Soy lucia, ¿Que te pasa?
! Nada!, No puedo hablar contigo ahora, ¡te llamo luego!
¿Porque?
No me interrogues, ¡no quiero hablar!
tu, tu, tu, tu, intervino el sonido del teléfono.
Desnudo en la sala de estar, poseído por mi mal genio, y arrojando pestes para todos y todas, me fui al baño.
Recogí del suelo la navaja y me dispuse a afeitarme.
!Me corte!
!Todo es una mierda! Dije tan fuerte que los vecinos escucharon, cosa que a mi en ese momento me importo poco.
Esos vecinos son de lo peor, siempre pendientes de quien entra o sale de mi casa.
Abrí los grifos de la ducha, mmmmm suspire, agua caliente.
Observe detenidamente una grieta que esta cerca de donde están los grifos, cosa que nunca había observado ya que solo estaba acostumbrado a mirar, no a observar.
Mi enojo fue tanto que di un puñetazo con mi mano izquierda en la pared, y recuerdo que dije: ¡esta casa se partirá tarde o temprano en dos!
Tengo que decir que fui un entupido al golpear la pared, la mano me dolió una semana.
Observe que la grieta era considerablemente grande y profunda, así que la toque y sentí una sensación extraña, parecida a un hormigueo.
Quite el dedo de la grieta, y ¡la energía eléctrica desapareció!
Menos mal que siempre me han gustado esas velas aromáticas que adornan los rincones de una casa, y como buen fumador los mecheros por doquier.
Encendí unas velas con aroma a limón, observe hacia donde están los grifos, y me quede pasmado, alucinado, asustado, moribundo, pálido, estupefacto, mudo y así podría seguir describiéndome hasta acabarme un diccionario.
De la grieta salían sonidos parecidos a esas campanas que tocan en las misas los domingos, si, esas que son pequeñas.
De repente observo que de la grieta salía un liquido azul muy brillante, la grieta se abrió un poco mas, me hice la cruz mil veces, recé al derecho y al revés, invoque a Jesús, Mahoma, Buda y hasta al maestro Bruce Lee, por si había que dar de patadas.
¡Salio de la grieta una mano!
Debo de estar muerto, pensé.
Pero estaba mas vivo que nunca, con la boca seca, y los ojos tan abiertos que en ellos podía caber un vaso.
Una voz dulce inspirando paz, que tanto faltaba en mi vida, me dijo: vamos ven, no temas, ven conmigo.
Quien sabe como no salí corriendo, volando, levitando, escapando como Houdini de ese baño, y mas sin embargo ahí me quede.
La voz repitió unas vez mas esas palabras, y sujete la mano, aun no se como lo hice, pero así fue.
Y aquí es cuando mis amigos, colegas, extraños y familiares se ríen, y me dicen que alguna droga me ha hecho algún daño irreversible, pero no es así, lo que cuento es verdadero.
Ante todos ellos y ellas soy un incomprensible, un lunático, pero no es cierto, ¡digo la verdad!
Sentí la mano caliente, la mía estaba a una temperatura de mil bajo cero y pensaba: este no es mi día.
Pero como son las cosas, ese iba a ser el día que me marcaría para siempre, el día que volví a nacer, con la misma edad que tenia, cuarenta años.
La mano misteriosa me acercaba a la grieta, y no me pregunten como me fui introduciendo en ella, porque ni yo lo se.
Mi cuerpo empezaba a cruzar la frontera entre el baño y la grieta.
Primero fue un pie, después una pierna, luego un brazo y después pase el cuerpo entero.
La primera impresión fue una oscuridad profunda, y me preguntaba: ¿pero había un líquido azul brillante?
Sentí en los pies la sensación de estar pisando pasto fresco, después el sentido del olfato me lo afirmo, por el olor.
La mano me soltó de golpe, y las campanitas sonaron una vez mas, de verdad que no quería dar un paso ni para adelante ni para atrás.
Era una oscuridad total, y las campanitas no dejaban de sonar.
A lo lejos brillaba una lucecita, parecida a la luz de una luciérnaga, y ahora una voz diferente me decía: camina, y no mires, observa, así habrá luz.
Me concentre, mas que en ese curso de yoga que hice hace años, y empecé a ver luz, vi gente aparecer de la nada. Me sentí mas tranquilo, aunque me preguntaba: ¿quienes serán? ¿Este es otro mundo? ¿Qué esta pasando?... ¿Quienes me observan?
Sonó el despertador, era hora de ir a trabajar.
Abandré